miércoles, 16 de febrero de 2011

*LOS SUEÑOS EROTICOS DE MURIEL*




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capítulo primero. el comienzo




Sus manos suaves tomaron un racimo de uvas congeladas que estaban en un tazón. Cojines rojos la rodeaban, y cortinas de purpura intenso colgaban  de la pared, haciendo juego con la sensual decoración, que se completaba con una atmósfera nebulosa debido al humo del incienso.
 Cerca de ella, un tocadiscos hacía sonar un erótico jazz, mientras ella saboreaba las grandes uvas. Muriel no se encontraba sola, un hombre alto y bien parecido estaba  a su lado,  y ella de cuando en cuando, le pasaba unas uvas. Ella acariciaba al hombre… admiraba su cuerpo desnudo… se sentía en las nubes, nunca había estado tan relajada… ni feliz.
El hombre tenía un lápiz labial y se acercó a ella. Tomó uno de sus senos y dibujo un círculo rojo alrededor de su turgente pezón, luego la besó apasionadamente, mientras él deslizaba su mano  hasta la entrepierna. Muriel se estremeció ante aquella mano atrevida q la tocaba como si fuese un instrumento. El hombre besó sus pechos, manchándose con el carmesí del labial. Parecía ahora un vampiro que acaba de devorar una de sus víctimas y de su rostro tibia sangre chorreaba. Se miraron por unos instantes, y el besó su cuello y mordió los lóbulos de sus orejas, mientras sus manos traviesas jugueteaban con la tibia humedad de abajo.
Ella despertó sudada y con sus pezones apuntando al techo. Su marido dormitaba a su lado. Le tomó unos segundos comprender que se encontraba en su casa, que eran las 5 de la  mañana, y que su fornido amante no había sido más que parte de un sueño. Sonrió divertida, pues no era la primera vez que tenía un sueño de esos. Sin embargo, nunca llegaban al clímax, asi que mucho no le preocupaba. Sentía un cierto grado de culpa, pero nunca se lo contó a su esposo.
El horizonte empezaba a verse violáceo.
Muriel era odontóloga, de 35 años, casada desde hacía 5 y sin hijos.  Nunca fue particularmente bella, pero como ella misma decía “tampoco soy un chupacabras”. Reservada y hasta un poco reprimida, no fumaba,  bebía socialmente y jamás probó droga alguna más allá de una que otra aspirina. Siempre había tenido buenas calificaciones en la escuela y la universidad y prefería leer hasta tarde antes que salir a bailar.
Tenía un consultorio, y le iba bastante bien. A los 30 años decidió casarse, antes que “se le haga demasiado tarde” con su tercer novio. La boda fue bonita y hasta el momento no se había arrepentido verdaderamente. No obstante, estos sueños la venían perturbando desde hacía un tiempo. Ella no era frígida ni nada, pero los sueños era algo extraño a veces…
Era hora de preparase para el trabajo… sorbió el café con rapidez, dio un beso a su marido mientras este se prendía los botones de su camisa, y se dirigió a su consultorio.
Vestida de blanco inmaculado, estaba lista para otro día lleno de dientes podridos, frenillos, caries y dolor… mucho dolor… (Para los pacientes, no para ella)

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